Sucede cuando las partículas de arenas, arcillas y limos interactúan con nuestras enzimas orgánicas apropiadas, creando una reacción electroquímica mediante la cual las partículas se unen permanentemente. Cuanto más tiempo pasa de aplicado el producto al proceso de compactación, más fuerte se volverá la vía.
No se añade material de cantera ni se cambia el suelo: se aprovecha el que ya está en el terreno. La arcilla, el limo, la arena y la grava se aglutinan hasta formar una capa cohesionada que se comporta como roca.
El resultado es una plataforma estable que puede recibir tráfico liviano inmediatamente después de la compactación y que sigue ganando resistencia con el tiempo.